jueves, julio 13, 2006

Mujercitas

Estabamos cenando en un restaurant de Sao Paulo. Tres hombres y una pareja. Ella era la única mujer de la mesa y se puso a contar algo que le había sucedido el día anterior.
- Había unos chicos y me puse a jugar con ellos. Los chicos enseguida se me pegan porque se dan cuenta de que tengo debilidad por ellos. Y una nena de tres años se puso a hacerme preguntas. “¿Tenés hijos?”. “No”. “¿Por qué no tenés hijos?". “Bueno, porque todavía no tengo marido”. Apuntando a Guilherme con un dedito me preguntó “¿Y él quién es?”. “Él es mi novio”. “¿Y por qué tu novio no es tu marido?”. Ahi yo me reí y le dije haciéndome la graciosa: “¡Ah! Porque todavía no sé como conseguir eso”. La nena entonces muy seria me contestó: “Es muy fácil. Hacéle cosquillitas”. ¿No es una dulzura? Ella tenía la experiencia de que haciéndole cosquillas a las personas se consigue todo lo que se quiere.
- Bueno –intervino su novio Guilherme-. Haciendo cosquillas en el lugar adecuado es posible que tenga razón.
El resto de los hombres de la mesa nos sonreímos cómplices menos Lourenço. A él muy pocas cosas le causan gracia: es un nihilista.
- No seas bruto -le dijo ella con fingida reprobación. Y siguió-. Después se puso a preguntarme más cosas. “Tu novio, ¿mira a otras mujeres?”. “Creo que sí”, le contesté. Y ahi me puso cara de mala y dijo: “Si el mío hace eso, lo ato a la pata de la cama”. ¿Se lo pueden imaginar? ¡Era una pulguita de este tamaño!
- Pero ya es toda una mujer –reflexionó Lourenço.

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