jueves, mayo 01, 2008

"Mind is a state of being"



Ayer volví a ver una película que siempre me gustó: "Being there", más conocida entre los criollos con su título en castellano, "Desde el jardín". La película y la actuación de Peter Sellers me gustaron tanto como siempre pero me sorprendió no haber reparado antes en los paralelismos -y diferencias- que tiene esa historia original de Jerzy Kosinski y una película de enorme éxito, filmada quince años después: "Forrest Gump". Presten atención. En ambas el personaje protagónico es un débil mental -perdón si hiero la sensibilidad de alguien- que alcanza éxito y reconocimiento público a pesar de -o, tal vez, justamente por- no entender como funciona el mundo y actuar de acuerdo a sus propios parámetros distorcionados de la realidad.

Pero lo interesante es observar las dos películas como ejemplos de la virada de la política comunicacional norteamericana en quince años. No es que las formas de la propaganda hayan cambiado tanto. Lo que se perdió fue la posibilidad de la mirada crítica desde el interior del sistema y se perfeccionaron los velos para mandar mensajes sociales bajo la excusa del it's just entertainment! Vean si no:

En 1979, la película de Hal Ashby (que venía de filmar la amarga "Coming home"/ "Regreso sin Gloria" sobre la situación de los veteranos de Vietnam) cuenta la historia de Chance, un jardinero criado sin contacto con el mundo exterior, al que sólo conoce por la radio y la televisión. Obligado a abandonar la casa en la que vive, Chance -que quiere decir "azar"- entra accidentalmente en contacto con un influyente empresario norteamericano moribundo y se transforma en su mejor amigo sin proponérselo. A través de él conoce al Presidente de los EEUU, lo influye con su opinión, se transforma en referencia para las políticas de Estado, alcanza notoriedad mediática y el respeto del embajador soviético, las mujeres lo encuentran 'sexy' -la propia esposa del millonario amigo se entrega a sus caprichos- y acaba siendo el elegido del establishment para ser el siguiente Presidente de la nación más poderosa del mundo. Toda una metáfora de la era de Bush hijo que estaba por venir.

Años después, en 1994, la película de Robert Zemeckis (que venia de filmar la saga de "Volver al futuro") cuenta la historia de Forrest Gump, un niño con pocas luces y muchos problemas motrices que acaba superándolo todo sin proponérselo. Lo único que él desea realmente es el amor de Jenny. Forrest atraviesa y participa de algunos de los eventos más importantes de los EEUU. Se transforma en héroe de Vietnam, jaquea a los chinos deportivamente como campeón de ping pong, inspira a la gente a hacer jogging, monta una empresa pesquera en el Mississipi y luego funda Apple. Pero nada le importa. Lo que él quiere es el amor de Jenny que se le niega desde la infancia. Porque a diferencia de él, Jenny tiene planes para su vida. Quiere ser libre, artista, independiente. Esa elección la llevará a huir de casa con unos hippies, a tocar la guitarra desnuda en garitos de mala muerte, a drogarse, a juntarse a los grupos violentos y contestatarios de los '70 como los Black Panthers que la maltratan y no la respetan. Jenny termina muriendo de SIDA y a Forrest lo único que le da es un hijo de la única noche que pasaron juntos. A Forrest lo emociona saber que su hijo no es como él: es un chico inteligente.

No hay dudas de que Forrest está lleno de buenas intenciones y que es incapaz de hacerle daño a una mosca. Él -como Chance- también conoce al Presidente de los EEUU -a varios en realidad- y se soprende cuando los matan o los destituyen. No piensa en nada más al respecto. Forrest es como la pluma que flota al inicio de la película, se deja llevar por el viento, se entrega a su Destino. Y el viento, generoso, siempre lo conduce por el buen camino. Forrest es como el establishment piensa que debería ser todo buen norteamericano: en apariencia no muy inteligente pero finalmente exitoso. "Run, Forrest, run!" le grita la gente. Forrest obedece sin pensar, corre sin saber porque lo hace y lo gana todo. Ese es el camino correcto y no el de Jenny, que lleva al fracaso y a la autodestrucción. Forrest es el modelo del sistema. Y el sistema lo premia por ser como es, a pesar de los prejuicios de los que se creen más inteligentes que él.

¡Cuantas diferencias con "Being there"!

Es que Chance no experimenta ninguna emoción sutil. No sufre dolor por la muerte de la gente que lo rodea ni siente amor o deseo sexual. "Nunca tuvo cerebro", se queja la mujer que lo cuidaba. Pero tampoco tiene corazón. Es incapaz de hacer otra cosa que mirar la televisión, pedir comida cuando tiene hambre y sólo se preocupa por las plantas enfermas. Chance es encantador. Chance tiene la personalidad de un psicópata. Es el futuro Presidente de los EEUU.

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