domingo, junio 18, 2006

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Tengo que encontrar una manera de recordar que el mole no me gusta. Porque cada vez que vengo a México enseguida pido algo con mole, entusiasmado por esa salsa tan tradicional como pesada y después no hago más que arrepentirme. Creo que soy parte de una generación dañada por el pintoresquismo gastronómico de “Como agua para chocolate”.

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