viernes, enero 09, 2009

Si yo fuera Maradona...

El documental de Kusturica sobre Diego Maradona es un verdadero acontecimiento. No digo que sea una obra 100% lograda pero Kusturica es lo suficientemente talentoso -y zorro- de no pretender revelar toda la complejidad del probablemente más famoso jugador de fútbol que ha habido y sin duda el más inexplicable. De alguna forma se intuye que a lo largo de los dos años que el director serbio se dedicó a aproximarse de la figura de Maradona, la información a veces le fue esquiva y que tal vez no obtuvo todo el material que al empezar el proyecto podría haber soñado con conseguir. Maradona es así. Su lado emocional a flor de piel conquista a cualquiera pero con sus dobleces hipócritas y arbitrarios, propios de todo adicto (como decir que "la pelota no se mancha" como si a él realmente le importase haberse manchado), esquiva todo lo que quiere evitar dejar al desnudo como en una gambeta digna de su talento.

Kusturica consigue algunos momentos que sin embargo son fantásticos para el público y para él mismo. Como cuando se da el gusto de rememorar junto con el Diez en persona en el campo del Estrella Roja de Belgrado -su club- el gol que este le hizo jugando con el Napoli en alguna de las copas europeas. Pero si hay un momento realmente emocionante de todo el film es cuando Maradona se encuentra en una calle de barrio con Manu Chao, que le canta una canción sobre él. En ese instante extraordinario, Kusturica -omnipresente en todo el film- se hace a un lado y deja al Diez parado solo en medio de la calle, mirando y escuchando a Manu Chao desde el fondo de unos anteojos negros que impiden que nosotros veamos que está sucediendo en lo profundo de su alma. Creo que todo el trabajo de Kusturica vale para llegar a este momento, que completa una escena anterior en la que el propio Diego canta la canción que le hizo Rodrigo junto a su mujer y sus hijas en un boliche. Diego en ese momento era narrador de su propia historia como un trovador, pero ahora, en medio de una multitud de curiosos aunque solo frente a Manu Chao, apenas le resta escuchar lo que el francés le dice que hubiese hecho si él hubiera sido Maradona. Imposible saber lo que le pasa por la cabeza y el corazón en ese momento sublime. Pero es evidente que algo le pasa.

Es una escena inolvidable para cualquier biogafía. Hasta Lolo va estar satisfecho de haber quedado inmortalizado en ella, en la persiana metálica de fondo, aunque ahí lo llamen "puto".

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